9 meses en mi vientre y ahora quiere más a Papá



No todos los embarazos son fáciles y agradables. La mayoría de las veces las mujeres tenemos que pasar por momentos muy desagradables, por unos cuantos sustillos, pasamos noches en vela, cambia nuestro cuerpo y se ve afectado nuestro estado de ánimo, no podemos ponernos la ropa que nos gusta, en ciertos momentos nos falta energía, lloramos sin saber por qué y algunas incluso tenemos que enfrentarnos a ciertos miedos y complicaciones. 
Desde el día que nos enteramos de nuestro embarazo, cambiamos el chip, nos cuidamos, nos preocupamos y protegemos a alguien que aún ni conocemos y deseamos en cada momento que todo vaya bien y que nazca un bebé sano. Casi todas tenemos que privarnos de cosas que nos encantan, como el jamón, los embutidos, ciertos quesos, todo lo crudo, y algunas del tabaco y del alcohol. 
Y todo por nuestro bebé que pronto será parte de nuestras vidas.

Cuando tras nueve meses muy intensos y un parto que seguramente todas recordaremos de una forma u otra, por fin ha llegado el momento de tener a nuestro pequeño tesoro en brazos, seguimos con lo que ya veníamos haciendo durante todo el embarazo, aunque de una forma mucho más difícil...lo protegemos y le damos todo lo que necesita. Sacrificamos cosas muy importantes para nuestro bienestar con el fin de conseguir tener un bebé feliz. 
Si nos hemos decidido por la lactancia materna y tenemos un bebé que para absolutamente todo depende de la teta de mamá, nos pasamos los días y las noches con nuestro angelito enganchado al pecho y nos tenemos que olvidar de las tareas de la casa, de comer bien, de ducharnos tranquilamente e incluso de dormir...dormir? que es eso? Porque si a una mamá con un bebé angelito ya le cambia la vida, imaginaros por lo que tiene que pasar una mamá con un bebé susceptible, movido o gruñón. Algunas nos atrevemos a decir que parece que nuestro bebecito lleva el demonio dentro. Todas las mamis que tienen que vivir con un bebé de alta demanda saben a los que me refiero. Parece que el mundo se ha parado, que no hay nada más, solo tu y tu bebé, encerrados, limitados y frustrados por la situación porque parece que nunca acabará. 
Para que engañarnos, es horrible, nos preguntamos que habremos hecho para merecernos esto y deseamos que pase, pero al final, como buenas mamis que somos y por todo lo que nos une a nuestro bichito, acabamos queriéndolo igual, por mucho que hayamos sufrido, porque el no lo hace con maldad, el es así y solo el tiempo nos ayudará a que mejore o a que aprendamos a vivir con la situación. 

Pero tras todo lo que hemos hecho y tras todo lo que hemos vivido para que nuestro bebé esté bien, imaginaros que ahora parece querer más a papá que a mamá. Aquí tenéis a una de esas mamis en primera persona.
Y no digo que papá no haya sacrificado nada y no se haya implicado, todo lo contrario, en mi caso papá se ha portado y se está portando de maravilla, pero aún así, hay ciertas situaciones que dan bastante coraje. 

Por ejemplo la de ayer...
Por primera vez hemos echo un plan de verdad. Hemos ido al circo del sol y la abuela ha estado cuidando de nuestro Don Nervio durante casi cuatro horas. Nunca lo habíamos dejado tantas horas con nadie, ha sido bastante arriesgado, pero como con mi madre siempre se porta de maravilla, mucho mejor que con nosotros, pues hemos querido probar. 
La verdad es que la cosa ha ido genial. Nos lo hemos pasado super bien viendo el espectáculo, no ha habido ninguna llamada de emergencia, y cuando llegamos a casa estaban los dos jugando tan felices. 
Cuando entramos por la puerta, el chico ni se había dado cuenta de que habíamos llegado, así que nos escondimos un poco y hicimos ruiditos para llamarle la atención, hasta que finalmente nos escuchó y empezó a buscarnos. 
La cosa es que yo estaba delante y mi marido detrás mía, y se veía como el hecho de verme a mi tras cuatro horas ni le importó, intento esquivarme a mi para ver mejor a su padre, y cuando lo vio, empezó a chillar y moverse como un loco de alegría. Lo cogí yo y se tiraba hacia Papá.........
En general me he dado cuanta que se alegra mucho más cuando llegan papá o mi madre a casa, que cuando llegó yo. Casi ni reacciona conmigo o si acaso llora.
Y nada, allí se tiraron los tres, mi madre, mi marido y mi hijo, haciéndose tonterías el uno al otro, partiéndose de risa y un gran etc.
No estoy celosa, me alegro muchísimo que se lleve tan bien con ellos, pero luego por las noches me llama a mi ,,mamaaaa" y llora si va papá y no voy yo.
Y sobre todo me molesta que parece que yo estoy solo para lo malo. A veces esta genial con papá y cuando me ve a mi empieza a llorar. Da mucho coraje. Lo he dado todo por el y también lo he perdido todo, para ahora estar solo para los malos momentos. Me pregunto si mi hijo realmente me quiere y si me querrá en un futuro. 
También tengo dudas por como seguirá la cosa cuando porfin consiga destetarlo, serviré para algo o ya no me necesitará para nada? 

Durante mi embarazo vi un meme que decía :

9 meses en mi vientre
12 horas de parto
100 noches sin dormir 
y se parece a su padre

pues en mi caso eso es al 100% cierto, y encima le sumaría :
,,y quiere más a su padre".

En fin, menos mal que el amor de una madre es incondicional. 

Comentarios

  1. A mí me pasa parecido. Muchas veces vengo de trabajar después de horas y parece que le da igual. Eso me baja mi autoestima como madre. Hay dos opciones: o que pasan de nosotras (lo cuál evolutivamente hablando lo veo difícil) o se sienten tan seguros y protegidos por nosotras y el resto de familiares que cuando nos ven no les sorprende, como si no te hubieras ido. Con nosotras son ellos mismos, no tienen que quedar bien �� Simplemente nos tienen muy vistas. Un beso!!!

    ResponderEliminar

Publicar un comentario